Nos cuenta la Leyenda que una nave, no de las que habitualmente se acercaban a nuestras costa, sino con una forma de las que navegan por las tierras donde Jesucristo vivió, fue adentrándose en nuestras costas sin que nadie la guiara. Cuatro jóvenes vestidos de blanco ocupaban dicha nave junto con un cuerpo sin vida al que rodeaban. El viento la fue empujando hasta la desembocadura de un río y fue subiendo por su cauce hasta que se detuvo en las arenas de su orilla. Sus ocupantes saltaron a tierra y ataron la barca a una columna de piedra, a un pedrón que allí había. Sacaron el cuerpo y lo depositaron sobre una gran losa de piedra que como si fuera de cera se reblandeció adaptándose a la forma del cuerpo y lo acogió como si de un mullido colchón se tratara. Ante tal prodigio a ese lugar y desde entonces se le llamó Pedrón.
Ella, entre sonrisas, le dijo que fuera a ver a Régulo, que moraba en Duyo y era el gran Jefe y sacerdote de Ara Solis. Régulo en vez de ayudarlo lo hizo prender junto con sus compañeros. Al llegar la noche apareció dentro de la celda una luz como si fuera de una luciérnaga y abriendo un agujero en los muros, permitió que los cuatro navegantes abandonaran su prisión y se dirigieran a recoger el cuerpo abandonado en el pedrón. No pasó mucho tiempo cuando vieron que Régulo los perseguía. Corrieron, pero no demasiado, porque cuando sus perseguidores estaban cruzando un puente sobre el río Támara o Támbre, el puente se rompió y con gran estruendo todos se cayeron y murieron aplastados por las piedras del puente o arrastrados por las aguas del río. La noticia corrió rápidamente entre las gentes del lugar y ellos se dirigieron de nuevo al castillo de la Reina Lupa para pedirle ayuda y le dijeron: Dios está con nosotros y será mejor que nos ayudes; Necesitamos un carro y un par de bueyes. Acepto ella, pero les dijo que allí no tenía bueyes y que si los querían tenían que ir a buscarlos al monte donde podían coger los que quisieran; Les indico cual era el monte en donde tenían gran cantidad de toros bravos. Fueron los cuatro hombre y sucedió que los toros se mostraron mansos y fueron con ellos dócilmente. Pusieron el cuerpo de su maestro Sant Yago en la carreta y guiados por una estrella llegaron a un lugar llamado Libredón, donde sin que nadie los viera enterraron el cuerpo. Se dice que la Reina Lupa, impresionada por estos hechos derribo el templo de Ara Solis y se hizo cristiana. |