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Las creencias populares gallegas albergan un sinfín de dioses menores, duendes y genios tanto benéficos como maliciosos que son el origen de multitud de leyendas y supersticiones.
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En el mundo de lo supernatural y lo maravilloso, no hay ni en realidad pueden existir más que dos principios ó entidades que lo simbolicen: el bien y el mal. Así pues, hadas benéficas, vírgenes y damas concurren a un mismo fin, y son unas bajo el punto de vista de la bondad, de la pureza y de todo lo santo. Al contrario, las brujas y viejas representan el mal y el pecado en oposición al bien y a la santidad.” A de tenerse en cuenta que a pesar del carácter positivo de las hadas, que no se las irrite ni maltrate, porque entonces se torna en malas fadas. De amigas se transforman en enemigas y contrarias, de manera, que tanto es ahora su poder para el mal como antes para el bien.
Las meigas o brujas, son temidas o incluso odiadas por el pueblo, pero las busca. Gracias a sus dichos (ensalmos) y fórmulas curan las enfermedades, descubren el porvenir, vedoreiras, y ejercen sus maleficios. Las brujas en determinadas fechas se reunían de noche en lugares especiales que llegaron a ser célebres. En Galicia hay un lugar que destacó sobre otros. El arenal de Coiro, cerca de Cangas. Allá iban montadas en escobas, rápidas como el pensamiento: allí se reunían, allí hacían la corte al cabrón barbudo que era su dios y sobre todo su hombre. Las escenas del aquelarre, posible entre las sombras de la noche y de los sueños, solo tenían fin con ella. Con los primeros rayos del sol todo concluía, y cada una despertaba en su casa y en su lecho solitario, molida, maltrecha y cansada. Los meigos o brujos, son mirados como druidas, pues en ellos se alía mejor la doble creencia de los hechizos y las adivinaciones: negrumantes (hechiceros) y vedoiros ( adivinos). Aunque el número de brujos, testificados por el Santo Oficio, eran con respecto a las mujeres muy pocos, de las declaraciones se desprende que en todo procedían, por lo regular, como embaucadores. Más fe había en las mujeres, pues aparecen como verdaderas iluminadas. De antiguo la meiga era vieja y era sabia, y por lo tanto maga. Dentro del misticismo popular, hay determinados males que les afligen y son atribuidos al mal de ojo. J. Rodríguez López nos describe como se combate o previenen los temidos efectos del mal de ojo: “Se llena un puchero con agua bendita y hacen cocer en ella un cuerno y tres piedrecitas cogidas en un camino por donde pasa el Viático, y después, de noche, así que se retira toda la gente, dejan delante de la casa el puchero volcado. Hay la creencia de que la persona que echó el mal de ojo arde si no viene a rogar que quiten el puchero de la puerta.”![]() ![]() Una creencia muy arraigada en nuestra tierra es la relacionada con las visitas de las almas para anunciar la muerte de algún vecino o pariente. La Santa compaña o Estadea, fantasmas, almas en pena que en las sombras de la noche emprenden su infernal carrera, muestran especial contentamiento al que se aventura por los caminos y sendas extraviadas, a la hora en que ellas salen de sus antros, anunciando la muerte de aquel en cuya casa entran o arrojan una piedra a su tejado. Es tan general esta creencia, que no hay rincón de Galicia en que deje de creerse en la Compaña y sus siniestras apariciones. Jesús Rodríguez López (1859-1917), la describe de la siguiente forma: “ A las doce de la noche se levantan los difuntos, salen en procesión por la puerta principal, una persona viva va delante con la cruz y el caldero del agua bendita, y no puede, bajo ningún pretexto, volver la cabeza. Cada difunto lleva una luz que no se ve, pero se percibe claramente el olor de la cera que arde. La comitiva tampoco se ve, pero se percibe el airecillo que produce su paso. El desgraciado director sólo puede dispensarse de tan tétrico cometido encontrando a otra persona y entregándole la cruz y el caldero, antes de que haga un círculo en la tierra, con lo cual queda libre de dirigir la compaña.” En cuanto a nuestras supersticiones se hallan importantes restos de las doctrinas druídicas y sus prácticas. Recordemos la principal, y por lo tanto las ceremonias con las que se cortaba el muérdago sagrado. El rasgo de ser recogido en un paño blanco se halla en una creencia de la provincia de Orense, según la cual poniendo en la noche de San Juan, sobre un fento ( helecho), una servilleta limpia y que no haya servido, aparece a la mañana siguiente cubierta de diablillos ( gnomos). El muérdago se le ha concedido siempre gran importancia y a su semilla se le atribuye asimismo poder mágico, pues el que la veía caer aprendía todos los secretos y obtenía el don de la profecía. ( virtudes ambas privativas del druida).El Roble en nuestra mitología popular juega un gran papel sobre todo como árbol de virtudes medicinales. El roble sana a los enfermos con solo frotarse contra su tronco o dormir sobre sus ramas. Nos cuenta Murguía, en relación con las virtudes y propiedades que nuestros antepasados le atribuían a estos arboles, lo siguiente: “ Cuando un niño padece de una hernia ó de otra enfermedad que le postra y aniquila poco a poco, hienden el tronco de un roble de cuatro a seis años de manera que permita pasar a la criatura por la abertura, y poniéndose el padre de un lado y la madrina del otro, pasa el primero al niño desnudo por la hendidura, recógelo la madrina, y una vez fajado se lo entrega a la madre. Después se ata fuertemente el tronco del árbol; si este cierra, señal de que se cura el niño, en caso contrario que la enfermedad no tiene remedio alguno. La importancia que el roble tiene para nuestro pueblo, indica que fue un árbol unido a las primitivas prácticas religiosas y muy especial a las druídicas derivadas del culto del arbol sagrado del celta.” |